La Contaminación atmosférica podemos definirla como cualquier condición atmosférica en la que ciertas substancias alcanzan concentraciones lo suficientemente elevadas sobre su nivel ambiental normal como para producir un efecto en el hombre, los animales, la vegetación o los materiales.
La contaminación natural
Procede principalmente de la actividad geológica de la Tierra, como los gases emitidos en las erupciones volcánicas, incendios naturales, tempestades de polvo y la actividad biológica de la biosfera (producción de CH4 y CO2).
La contaminación antrópica
Procede de las distintas actividades humanas. Destaca especialmente la combustión de combustibles fósiles y sus derivados, bien en la industria como en centrales térmicas o siderometalúrgicas, en el transporte o en el uso doméstico.
Otras fuentes antrópicas son debidas a las actividades agrícolas y ganaderas, como la quema de bosques para aumentar el suelo agrícola, la quema de rastrojos, la emisión de gases por los fertilizantes (N2), por el ganado (CH4 producido en el tubo digestivo). Una fuente de emisión que está creciendo es la incineración de residuos sólidos, esta práctica si no se realiza de manera adecuada puede producir emisiones de N2, CO2, NO, SO3, dioxinas, etc.
Tipos de contaminantes
Los contaminantes químicos se denominan primarios cuando proceden directamente de la fuente emisora, y secundarios si se producen como consecuencia de las transformaciones que experimentan los contaminantes primarios en la atmósfera.
La cantidad de contaminantes atmosféricos que origina una determinada actividad humana (fuente emisora) se conoce como emisión. La cantidad de contaminantes atmosféricos que puede llegar a un receptor (por ejemplo, a un ser humano), tras su paso por la atmósfera, es la inmisión.
De todos los contaminantes, una parte considerable va a parar al mar y el resto se reparte por los distintos países según los vientos dominantes, la orografía y la posición geográfica.