Llamamos clima al estado medio de la atmósfera en un lugar dado de la superficie terrestre. El clima es por tanto constante, al contrario que el tiempo que es sumamente variable, y se refiere al estado de la atmósfera en un momento dado.
La Latitud. El calor del Sol se distribuye de manera desigual en la superficie de la Tierra. En las zonas próximas al ecuador se recibe la máxima insolación del Sol ya que las radiaciones inciden de forma perpendicular, mientras que en las zonas polares la insolación es mínima ya que los rayos llegan más oblicuos, con lo que el calor recibido por unidad de superficie es menor. Este es el principal factor que determina las grandes unidades climáticas.
La Temperatura. Depende principalmente de la latitud, aunque las corrientes atmosféricas también influyen en la temperatura del aire.
La Humedad. Varia en función de las precipitaciones. Las precipitaciones tienen una distribución muy irregular y están condicionadas a la circulación de la atmósfera y de los océanos. La temperatura y la humedad se representan en unas gráficas llamas climogramas.
La Altitud. La Temperatura del aire desciende unos 0,6ºC cada 100m de altura. Por esta razón, el clima de las regiones montañosas es más frío que el de las zonas bajas. Las bajas temperaturas favorecen la formación de nubes y niebla, que hacen que el clima de montaña sea un clima húmedo.
La Vegetación. Las zonas con abundante vegetación mantienen la humedad del suelo, que es captada por las plantas y cedida a la atmósfera mediante la evapotranspiración.
La Continentalidad. Los continentes y los océanos influyen en la distribución de las altas y las bajas presiones, y por tanto, de las anticiclones y las depresiones o ciclones.